Incluso Cuando Pierdo, Estoy Ganando

Hay un verso de la canción “All of me” de John Legend, que me llama mucho la atención: -Tu eres mi final y mi principio, incluso cuando pierdo, estoy ganando-. Siempre he pensado que nos da una imagen perfecta de nuestro caminar con Dios. Él es el principio y el final, el alfa y el omega. Sin Dios no somos nada. Es su aliento el que nos da vida.

Por otro lado, Dios es el único que puede convertir nuestras derrotas en victorias. Él usa las pruebas para hacer cosas maravillosas en nuestras vidas y ayudarnos a crecer. De manera que aun cuando pudiéramos sentir que estamos perdiendo la batalla, siempre tendremos algo que ganar. Sea sabiduría, madurez o al menos experiencia.

Saber esto no elimina automáticamente el dolor que sentimos justo en el momento de la prueba. Incluso muchas veces, producto de ese mismo dolor, nos vemos tentados a tapar el sol con un dedo.

Queremos pasar la página, fingir que nada pasó, hacernos los fuertes y declarar que ya estamos bien.

Pero vivir el duelo y enfrentar la realidad de nuestras emociones es de vital importancia para cerrar el capítulo, sanar y seguir adelante. Así que “llora todo lo que necesites llorar. Pero sabiendo en el fondo de tu corazón, que vas a estar bien”.

Mientras te desahogas, preguntate ¿estás poniendo verdadera atención a las lecciones que Dios quiere traer a tu vida?, ¿estás atento a su guía e instrucción?, ¿estás aprovechando este tiempo para crecer o solo para quejarte?

En Eclesiastés 3, la Biblia nos dice que hay un tiempo oportuno para todo lo que pasa bajo el cielo.

Eclesiastés 3:1-8
3 Todo tiene su momento oportuno;
hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:
2 un tiempo para nacer, y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar;
3 un tiempo para matar, y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir, y un tiempo para construir;
4 un tiempo para llorar, y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gusto;
5 un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse;
6 un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar;
7 un tiempo para rasgar, y un tiempo para coser;
un tiempo para callar, y un tiempo para hablar;
8 un tiempo para amar, y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz.

Leyendo esto pensé; ¿será que nos sentimos igual de cómodos en cada escenario planteado en estos versículos de Eclesiastés? Abrazándonos como despidiéndonos, callando como hablando, llorando como riendo, intentando como desistiendo.

Probablemente no, pero cada una de estas etapas son importantes, necesarias y apropiadas según de la situación que estemos viviendo.

Lo único que no podemos olvidar, es que Dios está de nuestro lado, sin importar la situación que estemos enfrentando. Él nos acompaña, nos fortalece y nos brinda su amor. En medio de nuestra debilidad, su gracia es más que suficiente.

2 Corintios 12:9
9 pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.» Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.

Nuestros momentos de debilidad son una oportunidad perfecta para que el poder de Dios se manifieste. Entonces, vivamos cada momento sin pena ni miedo y pongamos nuestras preocupaciones en manos de Dios. Él se encargará de sanar, restaurar y poner todo en su lugar.

Previamente publicado en el Blog Obras en Proceso


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