4 Regalos Que Me Dejó la Tristeza

Saben una cosa, “crecer duele pero vale la pena y más que eso, es completamente necesario”.

En los últimos meses he aprendido más de mí misma que nunca antes. Quizás sea porque llegué a un lugar en donde no me quedaba más opción que avanzar, o morir en el intento.

Entendí que el riesgo de levantarme era mucho menor que el riesgo de quedarme donde estaba. Busqué a Dios a través de cada manera que conozco: oración, adoración, lectura bíblica, ayuno. Además, leí cuanto artículo encontré acerca de la depresión. Tomé cada herramienta posible y me apropie de ella. No entendía muy bien lo que pasaba, pero si tenía certeza de dos cosas: “Dios es siempre fiel y yo soy su hija amada”.

Entonces, busque en lo más profundo de mi corazón, en las partes más dolorosas y en las más oscuras. Fue ahí en donde me encontré y decidí finalmente hacer las paces conmigo misma.

Nunca había sentido a Dios tan cerca. Finalmente era yo quien oraba, sin máscaras, sin pena, sin pretensiones. ¡Simplemente yo!

Y esto fue lo que aprendí: Hay cosas en la vida que tenemos que aprender a abrazar y otras que tenemos que decidir soltar. Hay cosas que debemos enfrentar y otras que debemos cambiar. 

Regalo # 1: Abrazar

Mi mente es mi mayor campo de batalla. Ese lugar en donde quién soy y quién quiero ser se mantienen en constante guerra.

Investigando al respecto, descubrí que la manera en que me obsesiono con pensamientos negativos es lo que los psicólogos llaman rumiar, en palabras más sencillas “sobre pensar”.

Quienes al igual que yo tienen esta tendencia, comprenderán lo desgastante que puede llegar a ser. Problemas que parecen sencillos, de repente se convierten en una tormenta gigante.

Yo al menos, cuando algo me preocupa, puedo pasar días y hasta semanas con insomnio y termino desperdiciando valiosas horas de mi vida dándole vueltas al mismo tema. Lo peor es que la mayoría veces son cosas que ya sucedieron, de manera que no hay mucho que hacer al respecto, más que aprender y seguir adelante.

Una vez que entendí esto, quise buscar cómo combatirlo. Y aunque encontré mucha información útil. Había algo que aún me inquietaba:

-Creo que la manera en que me “obsesiono” con algo que me preocupa o entristece,  es la misma en la que proceso pensamientos cuando quiero crear o aprender algo nuevo-.

-¿Será que existe alguna conexión entre los pensamientos rumiantes y el proceso de pensamiento creativo?-

Para mi sorpresa, están bastante relacionados. Es la misma capacidad de “sobre pensar” en lo que nos preocupa, la que nos ayuda a encontrar soluciones creativas para nuestros problemas. Isaac Newton una vez lo describió la siguiente manera: “Mantengo el tema que me preocupa constantemente delante de mí, y espero hasta que el primer destello de luz se abra paso poco a poco, hasta convertirse en una luz clara y completa”. (1)

Básicamente, Newton se obsesionaba con lo que le preocupaba, hasta lograr resolverlo. ¡Wow!, -creo que así es como nace cada uno de mis artículos-.  

Quizás se pregunten ¿por qué les cuento esto? Pues es muy sencillo, porque aprendí algo que tal vez les sirva. Existe una conexión entre la depresión, la manera en que procesamos pensamientos y nuestra creatividad. De modo que si abrazamos esta tendencia, y decidimos enfocarla de manera correcta, podríamos encontrar propósito y valor a través de eso mismo que muchas veces nos llena de miedo y ansiedad.

En mi caso personal, expresar, crear, contar historias, es una necesidad básica para mi alma. A veces se desarrolla en forma de una conversación o una canción. Otras veces se convierte en un artículo para mi blog o una charla de Hechas para Más.

Entonces, decidí que cada cosa que me preocupe, la voy “sobre pensar” para crear y no para llorar. Bueno,  a veces voy a llorar mientras creo, pero al menos tendré algo de valor que mostrar al final del proceso.

Y vos, ¿para qué vas a sobre pensar?

Regalo # 2: Soltar

La tristeza también encuentra lugar en esos momentos en donde sentimos que estamos perdiendo algo de gran valor para nosotros. Sea una persona que amamos, un trabajo, o un sueño. Sin embargo, Dios no quiere que vivamos atados a nuestros errores ni dolores pasados.

Isaías 43:18-19 (NVI)
18 «Olviden las cosas de antaño;
ya no vivan en el pasado.
19 ¡Voy a hacer algo nuevo!
Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?
Estoy abriendo un camino en el desierto,
y ríos en lugares desolados.

La vida pasa entre altos y bajos, entre éxitos y fracasos. El pasado es para aprender y el presente para recorrer. Dios anhela que vivamos con libertad, y que entendamos que somos obras en proceso en las manos del mejor alfarero (Filipenses 1:6).

Dios no se detendrá hasta que su obra sea perfeccionada en cada uno de nosotros. Pero mientras eso toma forma en nuestra vida, para poder encontrar paz verdadera, debemos que aprender a soltar el pasado, a depositar toda ansiedad en Dios (1 Pedro 5:7)  y caminar sabiendo que Él está en control.

Estoy consciente que es más fácil decirlo que hacerlo. Pero aferrarnos algo que Dios no tiene para nosotros, es como tratar de detener el aire con las manos.

¡Soltar es de valientes! Soltar nos da la oportunidad de recibir algo nuevo. Muchas veces debemos decidir quedarnos con las manos vacías por un tiempo, para permitir que Dios las llene con algo mejor. No sé qué sea lo que vos tenés que soltar, pero te prometo que aún si duele, valdrá la pena.

Regalo # 3: Enfrentar

La mejor manera de vencer un miedo es enfrentándolo. Creo que yo había huido por tanto tiempo de mis miedos, que ya no sabía bien de que estaba huyendo. Me había vuelto experta en ignorar el elefante rosado en la habitación. Pero los gigantes no desaparecen por si solos, son derrotados cuando nos enfrentamos a ellos.

¿Qué tal si le decís lo que sentís y no siente lo mismo que vos? ¿Qué pasa si lo dejas ir y nunca regresa? ¿Qué pasa si renuncias y no encontrás un mejor trabajo? ¿Qué pasa si aplicas para esa beca y no te la dan? 

¡No pasa nada! Saltaste, lo intentaste y fallaste. Pero tenés mucha más experiencia para volverlo a intentar.

Un buen amigo un día me dijo, -los “NO” de tu vida no son malos, son simplemente escalones que te acercan cada día más al lugar al que debes llegar-. Hoy entiendo esto como una gran verdad y me siento mucho más capacitada para enfrentar mis miedos.

El miedo a sentirme sola, rechazada, no aceptada. El miedo a no alcanzar mis sueños, a no ser suficiente. Porque en cada miedo que enfrento, comprendo que Dios es más grande. En cada miedo que enfrento veo como mi imaginación pinta crisis mucho más grandes de lo que mi entorno es capaz de reproducir.

Regalo # 4: Evolucionar

A veces la tristeza es una alerta que pide a gritos un cambio y nos obliga a ver hacia adentro y reflexionar.

-¿Qué tal si ya no quiero que esto sea parte de mi vida?-. Eso también es válido. En el artículo acerca de la relación entre la depresión y la creatividad, también encontré algo muy interesante. La depresión está también ligada a los procesos evolutivos. Cuando algo te molesta lo suficiente, te obliga a cambiar, a crecer, a evolucionar. 

Por tanto, hay cosas que me entristecen que son enteramente culpa mía y necesito hacer algo para cambiarlas si quiero sentirme mejor. Como la forma en que respondo ante la crítica y el rechazo, o el tono con el que puedo hablar si estoy molesta o desilusionada. O mi pésima maña de llegar tarde y mi tendencia a comprometerme a hacer más de lo que realmente puedo.

Hacer las paces conmigo misma me capacita para amarme como soy y al mismo tiempo me motiva a no quedarme igual. El reto más grande está en entender la diferencia entre las cosas que tenemos que abrazar, soltar, enfrentar o cambiar.

Lastimosamente no tengo una fórmula mágica que nos pueda ayudar. Lo único que puedo garantizarles es que si involucramos a Dios en nuestro día a día, si realmente lo invitamos a ser quien guía nuestros pasos, Él se encargará de darnos la sabiduría que necesitamos en cada situación.

Lo que si puedo hacer es adelantarles el primer paso: Cosas increíbles suceden en nuestra vida cuando permitimos que Dios transforme nuestra frustración y dolor, en un corazón agradecido.

Dicho esto, hoy quiero dar algunos gracias especiales:

“Gracias por entrar a mi vida, por quebrar mis muros, por retar mi status quo, por despertar mi corazón, por empujarme a ser mejor y por recordarme que aún sé como volar.”

Gracias a los que me han hecho reír, a los que me han hecho llorar y los que me han prestado el hombro mientras lloro. Gracias a los que me han tirado al suelo y a los que me han ayudado a levantarme, sacudirme el polvo y volver a empezar. Gracias a los que me han ayudado a abrazar quien soy y a los que me han ayudado a soltar lo que no me conviene. Gracias a los que han acompañado mientras enfrento mis miedos y cambio mis malas mañas. Gracias sobre todo a Dios, que nunca se rinde y nos ama con locura.

Previamente publicado en el Blog Obras en Proceso


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