Un Amor Inmerecido

Cuando estaba por escribir este artículo pensé. -Uy, que susto, ¿qué van a pensar mis amigos cuando sepan que he estado de rebelde?-, mientras me reía de manera nerviosa.

De inmediato, Dios me recordó que los momentos más trascendentales de mi vida han nacido a través de momentos de honestidad y vulnerabilidad. Así que, dejando de lado el miedo, les cuento esta parte de mi historia.

En nuestro caminar con Jesús y en la vida en general, lo queramos o no, vamos a pasar por  dudas y pruebas, situaciones en donde aquellas cosas que parecían tan claras, dejan de tener sentido.

El año pasado fue uno de los más retadores de mi vida. Aprender a abrazar un nuevo estilo de vida saludable, lo que implicó incorporar a mi rutina, cosas que odiaba como los ejercicios y renunciar a cosas que amaba, como el dulce. Emprender un negocio propio y enfrentarme a todos los retos financieros y profesionales que esto acarrea.

Chocar y quedarme sin carro por ocho meses. Y ni hablar de la parte emocional, fueron tantos ajustes que Dios hizo en mi corazón, que no logro contarlos todos. Sentí que se me acababan las fuerzas.

Pero si hay algo que puedo asegurar es que Dios nunca me soltó. Y la verdad es que aprendí tanto  en el proceso, que no cambiaría ni un minuto del 2016.

Este año inició bastante diferente. Mis fuerzas empezaron a volver. Aquello que había perdido sentido volvió a tenerlo. Mi corazón finalmente encontró libertad. Mi mente encontró paz.

Podría decir que me perdí por un momento y de pronto me reencontré: un poco más vieja, pero más sabia. Más golpeada, pero mucho más fuerte. Con 14 kilos menos, con el negocio propio que siempre soñé, con un carro nuevo que no merezco, pero agradezco todos los días. Y con un corazón nuevo que sabe bien cuánto vale y cuán amado es.

Luego de todo lo sucedido, estas son cuatro lecciones que aprendí:

1. MIS PLANES NO SON TAN BUENOS COMO YO PENSABA

El año pasado se trató todo acerca de mí. De mis planes, mis deseos, mis metas y sobre todo mis tiempos. Y aunque, no creo que sea malo ir detrás de las cosas que anhelamos, a veces nos dejamos llevar tanto por lo que queremos y por lo que nos preocupa, que empezamos a tratar de controlarlo todo y dejamos a Dios de lado.

¡Dios yo quiero esto ya! y vos no pareces estar en sincronía conmigo, entonces, ¿qué tal si me adelanto y vos me alcanzas cuando querás?

Pero ¿saben qué descubrí? mis planes y mis tiempos nos son los mejores. Me falta visión, sabiduría y entendimiento que solo Dios tiene (Proverbios 3:5-8). Y es solo cuando humildemente logramos reconocer esto; no en teoría, pero de todo corazón, que aprendemos realmente a caminar por fe y no por vista.

El año pasado corrí, me apresure y me estrellé contra una pared. Todo por no tener paciencia. Por no saber confiar en el único que nunca me va a fallar.

Para mi consuelo y dicha, Él nunca se dio por vencido. Me persiguió por cuanto atajo tomé. Y cada vez que me caí, me levanto, me sacudió el polvo y me ayudó a seguir. Porque Él es mi Papá aún en los días que tomo malas decisiones y su amor no depende de mi desempeño.

2. CONFIAR EN DIOS ES MÁS QUE SOLO UNA FRASE TRILLADA

Hay cosas en la vida que queremos y luego están esos anhelos profundos que realmente tienen un lugar especial en nuestro corazón. Son esos anhelos, que aún siendo buenos y saludables, los que tienen el potencial de convertirse en ídolos en nuestra vida si no los ponemos en el lugar que les corresponde.

Confiar en Dios es más que una frase trillada que nos decimos en momentos de prueba. Es una frase simple pero profunda que requiere de todo nuestro ser para pasar de la teoría a la práctica.

Confiar en Dios no es una decisión que se toma una vez y con eso basta, es una decisión que debemos reiterar  todos los días en cada nueva situación que se presenta.

Perdí mi trabajo y decido confiar. Terminé con mi novio y decido confiar. El dinero no me alcanza y decido confiar. Mi salud no anda bien y decido confiar. El tiempo pasa y no veo mi oración contestada, pero decido confiar. Aún en medio de la peor tempestad, sé que puedo confiar (Isaías 43:2).

Dios realmente tiene planes de bienestar para nuestra vida. Él realmente nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Aún si no lo vemos o no lo entendemos en el momento, podemos vivir con la certeza de Dios es siempre fiel. Él es fiel cuando dice que sí, cuando dice que no, cuando dice todavía no, y aun en los momentos en que se mantiene en silencio.

Confiar es tener la humildad para decir, “lo que Dios quiera, como Dios quiera, cuando Dios quiera.” (Job 1:21)

3. LA OBEDIENCIA ES UN FRUTO, NO UN REQUISITO.

Andar por la vida en mis propios términos no funcionó muy bien. Así que regresé a una antigua práctica que tenía. Involucrar a Dios hasta en las decisiones más pequeñas de mi día a día.

En las últimas semanas me he dedicado a escuchar a Dios y seguir su instrucción al pie de la letra, o al menos eso he intentado.  Esto no quiere decir que mi obediencia es infalible, la verdad tengo muy claro que voy a fallar miles de veces. Pero, es diferente cuando nos equivocamos al buscar hacer la voluntad de Dios, que cuando nos equivocamos al caminar en sentido contrario a Su instrucción.

Más que cosas que hacemos o dejamos de hacer, la obediencia se trata del lugar en que mantenemos el corazón con respecto a nuestros planes y los de Dios. Es simplemente vivir con la disposición de que sea Dios quien nos guía.

¿Cómo fue que olvidé lo bien que todo salía cuando Dios estaba en control de mi vida? Yo sé que Él cuida de mi, aun en los días malos. ¿Cuándo fue que olvide que no estoy sola? ¿En momento dejé de escuchar a mi Papá y me alejé porque pensé que Él  no me entendía?

Alejarme de su regazo no solo me trajo problemas y tristeza por malas decisiones, también me trajo culpa.

-Estoy siendo desobediente, claramente Dios está enojado conmigo. ¿Con qué cara le voy a pedir que me ayude, si estoy en este lugar por mi culpa?

¡Qué mentira tan grande! Si el amor de Dios dependiera de mi desempeño, si fuera algo que me puedo ganar, la cruz no tendría sentido. Si el amor de Dios cambiara dependiendo de lo que hago o lo que no, el evangelio no tendría sentido.

Yo obedezco a Dios no para ser amada, si no porque sé que soy amada. Mi obediencia es un fruto no un requisito.

Entendiendo eso, decidí volver a poner a Dios en el trono de mi vida y volver a confiar en Él ciegamente. En ese momento recordé la paz y la seguridad con que se camina cuando es Dios quien dirige nuestros pasos.

4. EL AMOR DE DIOS NO TIENE LÍMITES NI CONDICIONES

Para mi sorpresa, luego de este bache en el camino, Dios es tan bueno conmigo como siempre lo ha sido. Él no guarda rencor porque me puse rebelde, no está decepcionado porque me perdí por un tiempo. Él no es como nosotros, Él nunca cambia (Números 23:19). Él es siempre Dios, siempre lleno de amor y gracia (Santiago 1:17).

No importa cuantas veces metamos la pata, el amor de Dios no tiene límites ni condiciones. El amor de Dios es grande, perfecto, incondicional y eterno. Y es cuando entendemos esa verdad, que podemos vivir con verdadera libertad. ¡Esta verdad lo cambia todo!

Yo pensé que luego de 7 años de ser cristiana, ya entendía esto. Pero al parecer tenía años de vivir huérfana, tratando de ganarme el corazón de Dios, sin saber que su corazón lo tengo ganado desde antes de nacer, porque Él me amó primero (1 Juan 4:19).

Puedo ser yo y podés ser vos. Y nos podemos equivocar, podemos dudar y hasta nos podemos enojar. Podemos caernos y Dios siempre nos va a levantar. Él siempre nos va a acompañar. Nosotros no podemos hacer nada para que Dios nos ame más o menos. Su amor es un regalo que no merecemos, que nunca vamos a terminar de entender.

Dice el Señor:
«Voy a curarlos de su rebeldía;
voy a amarlos aunque no lo merezcan,
pues ya se ha apartado de ellos mi ira.
Oseas 4:14

Dios simplemente no tiene reparos en cuanto nos ama. Él básicamente nos creo para amarnos y nosotros solo tenemos que dejarlo entrar.

¡Ese es el evangelio! Un amor inmerecido, profundo, que nunca cambia.

Previamente publicado en el Blog Obras en Proceso

amor de Dios, gracia, evangelio, obediencia, planes de Dios

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