ORACIÓN PARA LOS DÍAS MALOS

(Tiempo estimado: 3 - 5 minutos)

Actualmente soy voluntaria en Hechas para Más, un grupo para mujeres que forma parte de una comunidad cristiana llamada La Viña Escazú. Gracias a esto, he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas que de alguna u otro manera se han sentido cómodas para contarme acerca de sus vidas.

Paso tardes enteras sentada entre el ruido de la gente y el aroma a café recién hecho. Escuchando con atención relatos acerca de rupturas amorosas, problemas de salud, perdidas de trabajo y problemas financieros (por mencionar unos cuantos). Historias llenas de amor y desamor. Retos, pruebas, éxitos, fracasos y lecciones aprendidas.

Lo curioso es que cuando ganamos una batalla, somos prontos a olvidarlo. Pero cuando enfrentamos una derrota, nos persiguen el miedo, el dolor, la inseguridad, la ansiedad y la frustración. Esto, al parecer, sí queda bien grabado en nuestro expediente.

Y aunque cada situación es diferente, entiendo perfectamente ese dolor sobrio que se asoma en las madrugas y nos roba el sueño. Conozco bien esa ansiedad que se mete por cada rincón de nuestro corazón y amenaza con matar la cordura. Sé lo desesperante que puede ser cuando nuestra mente divaga entre el mundo de los “hubiera” y los “¿por qué?.

Sin embargo, también conozco la sanidad y la restauración que Dios entrega a quienes le buscan de todo corazón. Puedo dar fe, por experiencia propia, que Dios no repara corazones rotos, Él nos da un corazón nuevo. Esta verdad no es siempre tan palpable o evidente justo en el momento de la prueba, pero es tan real como el aire que respiramos.

La pregunta entonces es, ¿cómo podemos recurrir a Dios en esos días en que nuestras fuerzas no alcanzan ni para salir de la cama?, ¿cómo vencemos a los pensamientos que nos acechan? ¿cómo encontramos paz y gozo para continuar?

Creo que la mejor respuesta está en Filipenses 4:6-7:

6 No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

En este versículo, Pablo nos habla acerca de la importancia de orar y mantener un corazón agradecido. Solo así podemos encontrar la paz que no depende de las circunstancias, si no de Dios.

Hace un par de semanas, una amiga me escribió con el corazón en la mano y me dijo:

-En serio no sé si voy a poder salir de esto, no puedo dejar de pensar. Me está costando demasiado soltar y confiar en que Dios está en control.-

Justo en ese momento, vinieron a mi memoria todos aquellos versículos de la Biblia que en momentos como este habían llenado mi corazón de esperanza. Y como si fuera agua que caía de una catarata, empecé a escribirlos uno a uno sin parar, y termine diciendole:

-Mira, estas son promesas de Dios sobre tu vida, así que de ahora en adelante, quiero invitarte a que cada vez que estés triste, ores estos versículos. Estoy segura que poco a poco van a ir tomando un lugar más profundo en tu corazón, hasta convertirse en verdades que nutren tu espíritu incluso en medio de los días más oscuros.-

Sé que puede sonar muy simple, -entonces, ¿tu consejo es solo que ore?-. Realmente es mucho más que eso. El poder está en orar con fe, sabiendo que Dios no solo nos escucha, pero nos acompaña, nos guía y nos sana. La oración es, sin duda alguna, nuestra arma más poderosa.

Entonces, esta es mi oración para los días malos:

“Dios, sé que estos pensamientos no vienen de ti, así que derribó todo argumento que me ata y llevo todos mis pensamientos cautivos a la obediencia de Cristo (2 Corintios 10:4-5). Te pido que me ayudes a dejar de lado todo lo que me estorba para poder correr con fortaleza la carrera de la fe. Enséñame a fijar mi mirada en ti (Hebreos 12:1-2). Hoy te pido de todo corazón que por medio del Espíritu Santo renueves mis pensamientos y actitudes (Efesios 4:22-24). Fortaléceme desde lo más íntimo de mi ser y ayúdame a comprender cuan ancho y largo, alto y profundo es tu amor por mí (Efesios 3:16-19). ¡Amen!”

Así que hoy quiero extender esta invitación y motivarlos a orar con todo el corazón. Dios nos promete paz, gozo y una vida libre de temor. Él tiene para nosotros planes de bienestar. Es nuestra ayuda en los momentos de angustia y el lugar más seguro donde podemos descansar. Dios quiere hablarnos, renovar nuestras fuerzas y llenarnos de esperanza. Pero para eso, necesitamos acercarnos y escuchar.

Dios es bueno y siempre cumple lo que promete. Pero en nuestras manos está trasladar esas promesas de la mente al corazón y empezar a vivir conforme a ellas.

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